Bolivia es un paisaje que comprendo instintivamente
- carla spinoza
- 23 jul
- 2 min de lectura
En diálogo con la artista Claudia Joskowicz

Podemos conocer la historia de un territorio por la sobrevivencia de sus mitos, más allá de la ficción. Conocerlo con la visceralidad del olor a tierra, de las memorias íntimas, de los balbuceos que resuenan en los patios de las casonas del trópico boliviano en sus “buenos” años 80, las historias siniestras de la vecindad, que sin saberlo atraviesan la historia de un país.
La anécdota que se hace mito es la historia que siempre puede volver a contarse, corregida y aumentada. La historia reciente de una Bolivia tropical en un país en términos culturales predominantemente andino. Una ciudad, un paisaje, que la artista revisa y proyecta desde la memoria profunda de su natal Santa Cruz.
Claudia Joskowicz es una artista visual boliviana con una trayectoria de veintiséis años. Inició su formación en arquitectura, sin soltar nunca la mano a la fotografía. Ser artista no fue una decisión inmediata, pero ella sabía que terminaría creando algo. En la búsqueda de un proceso más autónomo, terminó haciendo algo entre el cine y el arte. Durante su maestría, trabajó con el artista de video Peter Campus, que influyó mucho en su obra. Así llegó al video, que en los años 90 no se estudiaba formalmente, sino a través de la fotografía. Además, como apunta, en los años 90 el video era todavía un medio nuevo que permitía experimentar sin el peso histórico y masculino de la pintura o la escultura.
La mirada de Joskowicz insiste en una tríada fundamental: el espacio urbano, el paisaje y la historia. Le fascina cómo los habitantes transitamos las ciudades y cómo, en ese acto, éstas nos revelan su pasado. Cómo se crean otras narrativas sobre momentos históricos clave; cómo se procesan y se cuentan de formas que, inevitablemente, terminan siendo distintas del evento real, lo que devela una o muchas capas que la historia oficial se esfuerza por poner bajo el tapete.
Para Joskowicz, hacer arte es ante todo una pedagogía del territorio. En sus palabras, “una forma de conocer mi país”. Concibe el arte como una ruta de aprendizaje para descifrar los parentescos invisibles entre lo cotidiano y lo histórico. Su búsqueda se nutre de una oscilación entre los dos territorios que habita: Bolivia y Estados Unidos. La doble mirada le permite una observación aguda sobre la riqueza de esa «distancia necesaria». «Estar fuera y dentro del país durante estos últimos veinte años —un período tan trascendental como tenso— me ha permitido ver Bolivia desde el interior, pero manteniendo cierta distancia al mismo tiempo».
Esta perspectiva le permite dar un paso atrás para situar la realidad boliviana en un contexto global, generando un contraste entre dos fuentes de información: por un lado, el relato oral y afectivo que llega a través de las charlas con su madre y cercanos; por otro, el choque sensorial y la experiencia directa de vivir esa realidad cada vez que retorna.
Publicado 27.05.2026 en Artishock una plataforma digital dedicada al arte contemporáneo, pensada desde y para Latino/Ibero/América.
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